Sobre Marrakech

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 Marrakech

Marrakech es la tercera ciudad de Marruecos después de Casablanca y Rabat con 1.545.541 habitantes. Cuenta con numerosos monumentos patrimonio de la Humanidad, que hacen de ella el principal atractivo turístico del país. Para hacernos una idea de su situación geográfica, decir que se encuentra situada al sur del país, al pie de la cordillera del Atlas, a una distancia de 598km de Tánger, a 483km de Fez y a 321km de Rabat.
     
La economía de Marrakech se basa esencialmente en el turismo, el comercio y la artesanía. La infraestructura hostelera ha experimentado estos últimos años un desarrollo rápido y podemos encontrar toda clase de hoteles y restaurantes perfectamente preparados para el turismo.

La sensación que ofrece la ciudad al turista es la de una extraordinaria calidez, y no solamente porque el sol brille con la especial intensidad africana casi todos los días del año, sino también por el color rojo claro de todos sus edificios, lo que le da un aspecto muy acogedor y los muchos y coloridos jardines que alberga.

La concepción del tiempo es distinta a la nuestra: parece pasar más despacio aquí, entre los habitantes de Marrakech la prisa desaparece y no existe ese estrés vital que nos obliga a estar en constante actividad. Paradójicamente el primer nombre de la ciudad fue Marroukech ("ve deprisa"), no sé si en aquel tiempo este nombre sería adecuado a  filosofía de la ciudad, hoy desde luego no.

Los rojos edificios, las oscuras callejuelas que conducen a zocos bulliciosos, un hombre con chilaba y babuchas que recita versos del Corán sentado con las piernas cruzadas y exuberantes jardines con rojas buganvillas en medio de un entorno tan seco, se acercan a la idea de la tierra de las mil y una noches que todos llevamos en la cabeza.

Se dice que el Rey Shahriar se hacía acompañar cada noche de una doncella distinta para que le contara un cuento. Al amanecer, la doncella era ejecutada para que no pudiera repetir su relato a ningún otro hombre. Así pasaron algunas muchachas, hasta llegar a Sherezade, que cada noche dejaba inacabada su historia provocando un vivo interés en el Rey, pidiéndole que se quedase una noche más junto a él. Hasta mil y una noches la creatividad e inventiva de la chica mantuvieron encandilado al rey, quien como premio a los buenos momentos regalados  le perdonó la vida convirtiéndola en su esposa.