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Marrakech, capital del exotismo oriental, ha dado su nombre a un país del que hoy es la ciudad con mayor interés, Marruecos. Ya lo decía Churchill: “si tienes un día en Marruecos no lo dudes, pásalo en Marrakech”.
El origen de esta la ciudad está vinculado al pueblo bereber. Un pueblo del que no se sabe muy bien su origen y cuya lengua es totalmente diferente a cualquier otra (hay quien incluso opina que tiene ciertos parecidos con el euskera).
Los bereberes ya aparecen en época romana vinculados al imperio, ya que el emperador Augusto se llevó a estudiar a Roma a Juba II, hijo de un rey bereber, que acabaría casándose con la hija de Marco Antonio y Cleopatra y organizando el reino de Mauritania. El emperador Calígula se encargó de arrebatar la autonomía al reino y convertirlo en colonia romana.
Con la caída del imperio por las invasiones bárbaras, la zona vuelve a ser un elenco de tribus divididas hasta la consolidación de la islamización a lo largo del s.VII, en la que los bereberes, en su mayoría, se convierten al islam.
En la Edad Media los almorávides, grupo tribal, habían conseguido conquistar gran parte del Marruecos actual y para controlar las vías comerciales construyen una mezquita en un lugar estratégico: el actual Marrakech. La reconquista cristiana, con la consiguiente pérdida de Al-Andalus hace que las aspiraciones almorávides se dirijan al sur, hacia nuevas y prósperas rutas comerciales que llegaban hasta Sudán. De esta época es Al Mansur, conocido como “El Victorioso”, que celebró sus éxitos volcándose en la ciudad de Marrakech construyendo, entre otros monumentos, el Palacio El Badi y las tumbas saadíes. A su muerte una nueva dinastía, los alauis, accede al poder, iniciándose la decadencia de Marrakech y el posterior traslado de la capital a Fez en 1666.
Durante el periodo colonial europeo (principios del s. XX) Marruecos estuvo dominado por Francia casi en su totalidad, menos un pequeño espacio al norte dominado por España. Durante este período, las revueltas bereberes no faltaron, algunas dando lugar a episodios tan sangrientos como la batalla de Annual en la que murieron casi 12.000 españoles.De esta época es el diseño de las grandes avenidas de la ciudad como el barrio del Guéliz, y el entronque con la medina, se desarrolla un transporte urbano, y comienzan a aparecer bancos, comercios y hoteles “al estilo europeo”. Todo ello sin perder la personalidad de la ciudad, pues en estos barrios siguen siendo rojos los edificios, abundan las buganvillas, el sol y las palmeras. Lo de los edificios rojos es obligado por una ordenanza municipal, ya que el sol es tan intenso aquí que una pintura demasiado clara podría deslumbrar, así que se optó por el rojo ocre omnipresente en la ciudad.
Sobre finales de 1943 grupos nacionalistas consiguen aglutinarse a favor del sultán Muhammad Ben Yusuf. El sultán es expulsado por Francia en 1953, lo que provoca graves revueltas generalizadas que hacen que vuelva el Sultán y aceleran el reconocimiento de la independencia del país por parte de Francia el 2 de marzo de 1956. Es entonces cuando se proclama rey al sultán, con el nombre de Mohamed V, sucedido por su hijo Hassan II en 1961, sucedido a su vez por su hijo: el actual rey Mohamed VI, que pertenece todavía a la dinastía de los alauis.
El nuevo monarca se propone durante su mandato erradicar la pobreza y la corrupción, creando empleo y prestando especial atención a la salvaguarda de los derechos Humanos, tal como prometió en su discurso de investidura en el año 1999. Entre otras cosas, ha creado un nuevo código familiar, la Mudawana, que otorga más autonomía a las mujeres, lo que ha provocado una dura oposición de los islamistas más conservadores. A pesar de todo Marruecos en general sigue siendo un país de desigualdades, con grandes bolsas de pobreza sobre todo en el ámbito rural. Uno se lleva la impresión de que están en otro momento de la evolución y de la economía claro, sin embargo la gente es sacrificada, trabajadora, de sanas costumbres y con ganas de mejorar, ellos son el mayor capital de un país que sin duda va a evolucionar mucho a medio plazo.